Sin respeto no hay democracia
Por Julián Núñez
Tratar de definir el concepto de “democracia”, a veces resulta tan difícil como tratar de definir el concepto de “vida”. No tiene una definición exacta, precisa y compacta para que todos podamos tener una idea clara sobre a qué se refiere. A grandes rasgos la mayoría entenderemos lo mismo, pero podremos diferir en algunos detalles concretos. Pero si hablamos de democracia, hay algunos conceptos que no se pueden discutir dentro de la definición de la misma. La palabra “igualdad” es fundamental a la hora de tratar de definir lo que es una democracia. Todos somos y debemos ser iguales ante la ley, tener los mismos derechos y obligaciones. “Libertad de expresión”, cada uno es libre de pensar, opinar, decidir, apoyar y elegir lo que le parezca, sin necesidad de que ello implique una reprobación por algún sector de la sociedad (siempre y cuando estas expresiones no sobrepasen los límites lógicos, como por ejemplo atentar contra la vida). Para lograr que estos dos conceptos se cumplan (como debería ser) es esencial el respeto hacia el otro. Podremos pensar diferente, actuar de otra forma, seguir diferentes caminos, pero eso no implica que lo que haga el otro está mal, que lo que yo hago es lo correcto, y por ende desprestigio al otro para adjudicarme la victoria de la razón.
Desde que murió Néstor Kirchner mucho se ha hablado de la participación de la juventud en la política, la cual se había perdido años atrás. Es verdad que la cantidad de jóvenes que se han involucrado ha crecido, y que lo sigue haciendo día a día. Sin dudas es algo para festejar y para valorar, dado que es un gran aporte a la democracia que un sector sumamente importante de la sociedad se sume a la política, la cual es esencial para lograr los objetivos que tiene o quiere un país. Los jóvenes aportamos muchas ventajas a los diferentes espacios políticos a la hora de militar. Tenemos las ganas y el ímpetu en todo su esplendor, tenemos los ideales intactos, y una dedicación exclusiva para conseguirlos. Mostramos otra imagen hacia la sociedad, de más transparencia, creencia y legitimidad. Por esto, no es casual que en la actualidad todos los partidos políticos quieren tener a la juventud más grande, o mejor organizada. Pero lo positivo que tiene la juventud a la hora de participar, se opaca cuando el fanatismo o la obsesión por un ideal o un líder, empiezan atentar contra la democracia al faltarle el respeto a los demás en busca de masificar una ideología, aceptándola como única e irrefutable.
Muchos jóvenes han dejado de opinar o discutir, por el miedo a las respuestas que puedan recibir de otros. El hecho de que haya personas que no acepten los pensamientos de otros, y mucho menos los respeten, hace que los primeros se alejen de las “discusiones” por miedo a ser insultados o escrachados. Para muchos, que otro piense diferente a él, lo amerita a decirle o tratarlo de mala manera por el solo hecho de no coincidir. Con un simple comentario distinto, alcanza para que en una red social por ejemplo, te traten de decenas de cosas que no tienen comparación alguna, provocando un nivel de agresión altísimo y totalmente fuera de lugar.
Hoy, en el año 2011, si pensás diferente al gobierno (pensar distinto nada más, ni siquiera ser opositor) sos “golpista”, buscas destabilizar al gobierno para voltearlo. Es insólito que un joven trate a otro de golpista, cuando ninguno de los dos vivió un golpe, cuando el contexto en el que nos desarrollamos hace que estemos a años luz de distancia de poder provocar un golpe, sin necesidad de profundizar que si estamos en política, en partidos democráticos, es justamente porque creemos en la democracia.
Podes no estar en contra del gobierno, pero si pensar diferente al “peronismo”, no coincidir con la doctrina peronista, lo cual para muchos te convierte en un “gorila”, término que se utilizó hace 60 años, y el cual hoy también se utiliza si tenes alguna ideología de derecha. Nuevamente, un término que nace de una época que ninguno de nosotros vivió.
Si pensás que la inseguridad se podría solucionar con condenas más estrictas, con mayor control policial en las calles, entre otras cosas, automáticamente eso te convierte en “facho”, sin ni siquiera medir el concepto de lo que fue el fascismo, lo cual, otra vez, pasó mucho tiempo atrás de que naciéramos. Es totalmente desubicado y fuera de lugar tratar de facho a alguien que tiene ideas que están por dentro de la ley, o que buscan que la misma se cumpla.
Si opinás que en la última dictadura militar hubo culpa de ambas partes, y que ambos deberían ser juzgados y castigados como se debe, sos “anti-nacional”, no queres a tu país y seguramente apoyaste a los militares, aunque todavía no vivieras en esa época. Volvés a ser un golpista, estás en contra de la democracia, no te importan los Derechos Humanos y no tenes memoria ni sentimientos.
Si crees que el campo es un sector esencial para la Argentina, sos un “oligarca” que solo defiende los intereses de los que más tienen, que no pensás en el bien del país, y que buscas solo el beneficio de los que más ganan tirando abajo un proyecto “nacional y popular”.
Cualquier otra opinión diferente, te convierte en un “inculto” que solo se informa por Clarín o La Nación, que desconoce de historia, de política o de cualquier tema que venga al caso, sin tener en cuenta el conocimiento previo que pueda tener uno.
En fin, para cada postura u opinión que se pueda tener, siempre hay un término en contra buscando derribar esa ideología, que en la mayoría de los casos son incorrectos, fuera de lugar, desubicados e incomparables. Los jóvenes deberíamos celebrar que nacimos y vivimos en democracia, aumentar la participación día a día, sin importar la ideología; buscar el consenso en los temas que nos competen, generar dialogo que nos permita debatir de manera lógica y ordenada, repudiar la agresión tanto entre jóvenes como entre los más grandes. Muchos dirigentes han perdido la cordialidad, la coherencia y el respeto a la hora de expresarse o actuar. Por eso nosotros debemos ser lo que demos el ejemplo, lo que llevemos la bandera del respeto hacia el resto de la sociedad. Podremos diferir en las maneras de cumplir los objetivos, pero no estos últimos. Todos coincidimos en que queremos mayor trabajo, educación, seguridad, etc. Si no construimos una democracia mejor, donde cada uno respete la opinión del otro (aunque no la comparta), el tiempo que gastamos en cumplir nuestros objetivos va a ser en vano. El respeto a la democracia se refleja en el respeto que tengamos hacia los demás.
Paraná, Entre Ríos.
@julinunez
